no es originado por la enseñanza, es producto de las actividades que los aprendices lleven a cabo con lo aprendido.
El conocimiento
adquirido y puesto en práctica empodera positivamente a las personas.
La formación
formal y sistemática aporta valor a quienes la reciben, brindándoles capacidades para alcanzar los resultados.
Las instituciones
de excelencia mantienen una visión estratégica que se adapta oportunamente a los cambios del entorno, con enfoque hacia la mejora, siempre. La excelencia refleja la cultura institucional.